domingo, 3 de septiembre de 2017

Ideología fragmentada. Fragmento de Epitafio para un Sueño.



Cienfuegos, Cuba
Jueves, 4 de agosto de 1994
1:45 p.m.

Pepe regresó a su casa pensando en todo lo que le había dicho Adelaida. Se miró al espejo y trató de que la imagen reflejada fuera la de aquel Pepe que había conocido en el pasado. Sin pensarlo dos veces, le dijo a su reflejo:

—¿Es posible que cueste tanto trabajo reponerse a la pérdida de una mujer, cuando hay otras cosas más dolorosas de las que nos reponemos con mayor rapidez?

Pepe había perdido a su padre en junio de 1992 y supo aceptarlo. Una muerte dura, inesperada, insólita. Aún recordaba esos momentos como si los estuviera viviendo. Alguien lo llamó por el sistema de bocinas centrales del hospital. Él estaba en la sala de terapia intermedia, le explicaba a su amigo Pedro la situación de su padre, que necesitaba con urgencia un buen psiquiatra. Su padre estaba sufriendo un cuadro de demencia senil. De nuevo su nombre, ahora sí lo escuchó bien claro.

—Sí, es a ti Pepe —le dijo Pedro—. Vamos, yo te acompaño.

Se había desatado un corre-corre en el hospital. Los pasillos eran un remolino de médicos, enfermeras, personal de limpieza, pacientes y policías internos. «¡Alguien se lanzó desde el quinto piso!», era lo que se escuchaba por todas partes. Y ahí estaba, sentado, encajado en los escalones de una pequeña escalera que daba al jardín. Su cabeza bañada en sangre, apoyada en el barandal de aluminio. Pepe se quedó estático. Sus piernas empezaron a temblar. Su temperatura bajaba y las gotas de sudor ya se convertían en pequeños hilos que le corrían por todo el cuerpo. Todos los poros de su piel parecían manantiales de sudor. No podía creerlo. «¿Cómo alguien podía lanzarse al vacío sin tener miedo?», pensó.

Alguien gritó: ¡Todavía vive! Pedro salió corriendo y mandó a preparar el equipo de terapia intensiva de la sala de emergencias. Ahí lo llevaron y allí murió en menos de una hora. La pelvis rota en cinco partes y una severa fractura de cráneo. Era imposible que pudiera sobrevivir.

Su padre había pasado a formar parte de las estadísticas anuales de suicidio y, además, lo hizo sin pensar que con el tiempo solo lo recordarían como aquel que se lanzó del quinto piso del hospital provincial de Cienfuegos. Solo Pepe lo llevaría por siempre en el corazón.

Nadie le habló a Pepe para darle información, ni para investigar cómo y por qué sucedió, y hoy todavía no se sabe qué pasó. ¿Se lanzaría? ¿Lo empujarían? Solo su padre lo sabe. ¿Cuántas culpas lo habrán llevado a tomar esa decisión?

Pepe recordó el momento cuando Pedro salió al pasillo de la sala. Se acercó a él, y lo abrazó.

—Acaba de morir—. Fue lo único que dijo.

Pero eso no fue todo. Aún después de haberse quitado la vida, su padre siguió padeciendo. Tardaron más de ocho horas en entregarle el cadáver. Fue una verdadera odisea. No había material para rellenarlo, ni algodón para taponearlo y la nevera donde guardaban las vísceras no estaba funcionando porque se había descompuesto la cámara frigorífica.

Después de hecha la autopsia, hubo que cerrarlo con todo y mondongos. Dos horas antes de la hora fijada para el entierro hubo que cerrar el ataúd y desalojar la sala donde lo estaban velando. Su padre empezaba a dar señales de descomposición.

—Y eso que somos una potencia médica —le dijo Pepe al espejo, al tiempo que vino a su mente una conversación que había tenido con Pedro después que enterrara a su padre:

«—Creo saber por qué se suicidó mi padre, Pedro.

—¿Qué piensas?

—Demasiado peso en sus hombros. ¿Sabes cuántas discusiones tuvimos por el tema del socialismo y por Fidel? Al final, mi padre debe haber sentido más arrepentimiento que glorias de haber sido un comunista. Fidel, al igual que traicionó a todos lo que hicieron la revolución junto a él, diciéndoles que sus ideas no eran ni socialistas, ni marxistas, ni estalinistas, de esa misma forma traicionó a todos los que se subieron al barco revolucionario y sostuvieron sus caprichos. Es triste ver pasar los años y dar todo por una causa, y, de repente, verte solo y abandonado por ese mismo gobierno al que tanto le entregaste. Mi padre no se perdía una zafra, no faltaba a una movilización militar para estar preparado por si era necesario defender a la patria en caso de un ataque imperialista, de esos que se inventaba este viejo loco y que nunca llegaron. Y así pasaron los años, desperdiciando su juventud y viendo como llegaba la vejez, hasta un día que lo sacaron del trabajo sin una justificación aparente. No estaba enfermo, ni estaba incapacitado. Solo para darle su puesto de trabajo al hijo de un amigo del director de la empresa provincial de comercio interior. Mi padre atendía ese mecanismo diabólico que se llama Oficoda[1], y lo jubilaron casi a la fuerza. Se fue a la casa y sintió que le habían arrancado la vida. Jubílate en este tiempo, con un salario de 80 pesos cubanos al mes, cuando todos los precios se han elevado por encima de las nubes ¿Qué puedes comprar de comer en este país con ese salario? Explícame, Pedro, qué puede sentir un hombre que esa revolución que tanto defendió y hasta por la que se enemistó con su propio hijo y parte de la familia que nunca creyó en Fidel, un día le da la espalda y lo lanza a un olvido terrorífico. Creo que papá no pudo con esa culpa de sentir que desperdició la vida miserablemente en este país de mierda, para ahora no tener ni una vejez digna. Así le paga a su gente, este hijo de puta que tenemos como presidente. ¿Dónde está esa palabrería barata de que en este país hay igualdad y justeza cuando todo el mundo está jodido y Fidel es millonario? Así es, Pedro, mi padre antes de decir que estaba arrepentido y menos reconocer que yo tenía razón, su orgullo no lo dejó vivir un segundo más y se lanzó al abismo».




[1] Oficoda: abreviatura para Oficina de Control para la Distribución de los Abastecimientos. Institución administrativa cubana encargada de toda la tramitación de documentos para incorporar o dar de baja del Registro de Consumidores a cualquier individuo nacional. Igualmente, era la oficina que controlaba el Registro de Consumidores para garantizar la llamada canasta básica de productos normados por la Libreta de Abastecimientos.

martes, 29 de agosto de 2017

Epitafio para una Historia no profetizada.

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¿Puede una fecha, 25 de noviembre de 2016, cambiar la vida de muchas personas no solo en Cuba, también en los Estados Unidos y el resto del mundo?, ¿o es solo un pretexto del autor para entretejer una historia que no por lejana aún hinca sobremanera la piel del cubano? Entre estos niveles de realidad discurre la novela Epitafio para un sueño, de Carlos A. Dueñas Aguado, publicada por la Editorial CAAW Ediciones, Miami, EEUU, 2017. Novela que ofrece, a través de Juan José Vega, Pepe, su esposa y un grupo de amigos que interactúan en las distintas historias que conforman la trama, y con un alto lenguaje reflexivo, la parte más descarnada de la vida de los cubanos desde los primeros días de enero de 1959, pasando por los oscuros años 90 —Período Especial—, hasta la actualidad.
«Estoy viviendo en un mundo de mentiras. Mentiras que subyugan el pensar. Mentiras que desgarran el sentir. Mentiras que niegan libertades. Esas diabólicas mentiras inventadas en su mundo de fantasía, de sueños de poder, de tácticas con mañas. Camino solo hacia el acantilado. Allí están todos mis recuerdos (…) Ahí está también mi entrega, mis tiempos, esos que me quitó en estado catatónico (…) Llego al acantilado. Miro todo lo que desperdicié de mi vida. Es momento de decir adiós. De enfilar el rumbo hacia una nueva vida. De olvidar por siempre esta pesadilla. Hoy es 13 de agosto de 1994. Me subo al barco y emprendo rumbo hacia otras tierras del mundo. Adiós Cuba. Me despido de ti y no regreso hasta que no seas completamente libre, y por si muero, te dejo mi Epitafio».
Personas comunes que cuestionan el presente a partir del dramático cuestionamiento de su pasado; la «pérdida» de la inocencia, la mutilación de un sueño, la expropiación de cuánto le dijeron le pertenecía, la inevitable persecución por una sexualidad no manifestada o por la simple elección de pensar distinto y escuchar otra música allende los mares; personas que intentan sobrevivir en paz, según los preceptos dictaminados por Dios, pero en un ambiente para ellos de hostilidad y desamparo.
«Fidel, pese a las advertencias de los expertos, se empeñó en hacer una zafra de diez millones de toneladas de azúcar. ¿Y qué pasó? ¡Ni cojones, Pepe! Terminó arruinando al país más de lo que estaba en los años 70, y me voy más atrás, desde el 59 está al frente de un gobierno que lo único que ha logrado es convertir en un desastre las producciones ganaderas, de café, de cacao, y ha desaparecido de la mesa de los cubanos la carne de res, el pescado, la langosta y los camarones, y hasta vegetales que se pueden sembrar en cualquier lugar y en cualquier época. Fidel nos impuso un sistema económico que, según él mismo declaró a un periodista norteamericano, jamás ha funcionado. ¿Crees que esto sea justo para un pueblo?».
Aquí, el pasado nos acecha tanto como el presente; sigue siendo el leitmotiv para lograr entretejer toda una trama que un día nos acompañó y hoy, inobjetablemente, nos sigue acompañando, solo que amparado por un discurso que constantemente llama al exterminio, a otra persecución que nada se diferencia a la ocurrida en la década del 70 bajo las riendas del tristemente célebre Luis Pavón.
En Epitafio para un sueño, Carlos se plantea una historia, no importa cuán lejana pueda estar, y la desarrolla con los elementos propios de su oficio: el lenguaje. Cada historia, para él, no es más que la restauración de aquellos sueños por los que siempre luchó y los recrea, con un discurso directo y alejado de sutilezas, de manera fascinante, sin tener en cuenta los peligros que estos puedan reflejar, lográndolo con destreza de estilo y eficacia técnica.
El que necesite una novela de búsqueda, no le recomiendo esta. El que necesite una novela reflexiva y de interrogaciones, es esta la perfecta. Pepe, su esposa y amigos no solo nos hacen reflexionar y nos interrogan, también nos dan las respuestas para no perdernos en el laberinto, para decirlo de algún modo, de sus desgarradoras historias y salir ileso de las heridas que aún no han cicatrizado.
«Pepe recorrió su vista por todos los rincones del patio de la prisión. Nada hermoso meritaba detener sus ojos para calmarse. Empezó a caminar y Ana María lo siguió. En su camino encontró un pedazo de periódico, nunca había visto un periódico que no fuera de Cuba, así que lo tomó y leyó con mucha atención, un recuadro que contenía una frase de Sigmund Freud: «Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo».
En ella, los protagonistas y los hechos que estos hacen, se preguntan y al mismo tiempo nos cuestiona, nos hace reflexionar sobre los valores que debe habitar al hombre, sobre el respeto al criterio ajeno y a la libre determinación que tiene cada cual en elegir su modo de vida y de pensamiento más factible a su entorno, y también, por qué no, el sistema o país donde quiera afianzar su espíritu de hombre constructor, sin imposiciones ni otro tipo de aberración, muy de moda por estos tiempos. Por eso, las distintas historias que estructuran esta novela, más que historias de vida, son narraciones que ilustran, por medio de la acumulación de experiencias, el mapa de un país y las distintas generaciones que dentro de él conviven. Son estas historias una reflexión desgarradora del existir.
«Era inadmisible olvidar y evitar comparaciones. Cada acto, cada acción y cada logro del presente, inevitablemente, lo llevaban al pasado, como si este le restregara en el rostro todo lo que había carecido y padecido en Cuba, pero, al mismo tiempo, era la recompensa por haber salido, como si todo lo malo hubiera valido la pena».
He aquí, amigos, un pasado que alude a un espacio que se sitúa más allá de nosotros como individuo, de los recuerdos que no solo aparecen, sino que cantan en sus páginas a través de sus personajes, hombres y mujeres comunes, alejados de todo misticismo y con la nostalgia de su idílico país sobre las espaldas.
Háganlo suyo, no más.
Luis Pérez de Castro.
Luis Pérez de Castro (Pinar del Río, Cuba, 1966) Historiador, abogado, poeta, narrador y crítico literario. Ha publicado en poesía los títulos Confesiones del Abad (Ed. Matanzas, 2005), Testimonio del Pagano (Ed. Unicornio, 2007), Ultimo e-mail inédito de Faulkner (Ed. Matanzas, 2009), y Como un manso animal (Ed. Capiro, 2012); en cuento Nostalgia del cíclope (Ed. Libre Idea, DF, México, 2004), Mientras arde en silencio mi voz (Ed. Capiro, 2006), Rapsodia del erudito (Ed. Capiro, 2007), Epístolas de un loco (Ed. Mecenas, 2007) y Hansel (Sed de Belleza Ed., 2015); y en crítica literaria Estos silencios. Estas palabras (Ed. Neo Club Ediciones, Miami, EE. UU, 2016). Igualmente, aparece en las antologías Neruda, 100 años (Australia, 2005), Nosside Caribe (Ed. Letras Cubanas, 2006), Noche Cálida en Santa Clara (Ed. Capiro, 2010), Faz de tierra conocida (Ed. Letras Cubanas, 2010), Los cuerpos del deseo (Ed. Neo Club Ediciones, Miami, EE. UU, 2012), Poetas siglo XXI (poetassigloveintiuno.blogsport.com, España, 2013) y Relatos Lorca IV (Ed. Hegoak.com, España, 2013); y trabajos suyos de poesía, narrativa y crítica aparecen en diferentes revistas nacionales e internacionales. Ha obtenido, entre otros, los premios Mercedes Matamoros, 2003; Poesía de Amor Varadero, 2004 y 2008; Batalla de mal Tiempo, 2004; Félix Pita Rodríguez, 2006; Farraluque, 2007 y Primer accésit certamen de relato breve LGTBI, Premios Lorca, España, 2013. Actualmente, vive en Cuba.

jueves, 24 de agosto de 2017

Y yo que creía que México debía ser como Cuba…

FERNANDO LOERA

Y yo que creía que México debía ser como Cuba… he estado engañado desde que tengo uso de razón, porque siempre escuché que Cuba era el modelo a seguir por todos los gobiernos de América Latina. Creo que el cuento de salud y educación gratis nos segó a todos.

Al leer «Epitafio paraun sueño» mi visión ha cambiado completamente. Sin pensarlo dos veces te digo que prefiero a un México corrupto que a esta despiadada dictadura que han vivido ustedes los cubanos. Claro también prefiero un México diferente, pero tengo que agradecerte este nuevo panorama que has abierto ante mis ojos porque si en mis manos estuviera el poder cambiar a mi país, jamás aceptaría a un gobierno que nos someta a este tipo de sistema Totalitarista.

A mis amigos mexicanos les recomiendo mucho leer esta historia. Para nosotros que nos pasamos la vida quejándonos de nuestros gobiernos debemos empezar a valorar más el país donde vivimos y cuidar que estas cosas no nos sucedan nunca.


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domingo, 20 de agosto de 2017

Un Epitafio desde Cuba... Opinión de un Anónimo.



Hemos recibido una crítica a Epitafio para un sueño desde las entrañas de la Isla de Cuba. El que la envía no quiso identificarse, tal vez para evitar represalias o simplemente porque no quiere que yo sepa de quien se trata. De cualquier manera cualquier crítica siempre será bien recibida, y quiero agradecerle infinitamente por ser uno más de quienes leyó la novela y por haberle dedicado tiempo tanto a leerla como a escribirme. Y como bien dice, son dos caras de un mismo conflicto. Esto sin duda enriquece mi obra.
Sinceramente… muchas gracias.



AQUÍ SE LAS DEJO:

Emitir un criterio sobre una novela es un asunto serio, casi solemne, máxime cuando ambos, el autor y quien opina, han compartido numerosas vivencias de las que se ven reflejadas en la novela, experiencias que tienen abundantes puntos de coincidencia aunque la percepción sobre las mismas no sea exactamente igual en ambos lados del ejercicio intelectual (escritura-lectura); la explicación podría encontrarse en la sobreinformación del que escribe o la desinformación del que está dentro, o en el hecho de que la ficción, en su rigor, no es precisamente historia, aun cuando clasifique de anecdótica, experiencia personal o autobiográfica y lo verdaderamente objetivo es que los resultados existenciales, para ambos, sí resultan idénticos. La narración en este caso pasa a ser controversial y no se puede calcular cuántos lectores se parcializarán a su favor o cuántos en su contra, por eso cuando se emite el criterio, se asume un reto y si quiere mantenerse una postura ética hay que ser imparcial, lo que nunca será sinónimo de ambivalente, para ello lectores y autor estarán obligados a mantener sus convicciones sin estridencias y terminarán disfrutando la novela desde su punto de vista personal.
 
Los extremos de un nudo gordiano suelen ser testarudos y hacia cualquier dirección que tiren, siempre aumentan la tensión, para aflojar la rigidez es obligatorio cortar la cuerda, porque de mantenerse hacen no solo creciente, sino infinito el conflicto; este es el caso, y solo me limitaré a dejar claro que la histeria colectiva es un crimen de lesa convivencia, desde cualquier perspectiva que se analice, ya sea desde los abominables actos de repudio en la Cuba de 1980 o desde los carnavales improvisados de la Florida a finales de 2016.

El hilo conductor de Epitafio para un Sueño, desde el punto de vista literario, está pensado con la exactitud de un mecanismo de relojería, un narrador omnisciente que se desplaza de un extremo a otro del intervalo temporal que constituyen 22 años y cinco meses en una distancia que (espero) se acorte cada día más porque las odiosas 90 millas (las mentales, no las espaciales) están condenadas a convertirse en un símbolo caduco de odio, intolerancia, separación y muerte; sea de quien sea la culpa.

Es una novela escrita para cubanos, incluso con las discretas pinceladas expresivas que ningún hispanohablante que no haya nacido en Cuba entendería como válidas, aunque quizá no está planeada para que sea leída por todos los nacidos en la isla, porque habrá quienes la lean bajo protesta, y esta es quizá la debilidad que se percibe en su propósito comercial; se apoya en un hecho concreto que literariamente es válido (ya en 1972 Frederick Forsyth empleó este recurso en El Expediente ODESSA ), pero que en el caso que nos ocupa resulta sobrevaluado porque la muerte de un adversario alegra solo cuando es producto de una acción intencional, o cuando ocurre en un combate donde el occiso es obligado a doblegar sus rodillas antes de morir, pero no constituye una victoria cuando es el desenlace de una vida que ha llegado a su fecha de vencimiento, no creo que el autor justifique la celebración de una derrota, pero sí pienso que maneja magistralmente el despecho y la impotencia contenida por los personajes, es muy ilustrativa la narración en este sentido.

Las tramas y las sub-tramas están comprensivamente diseñadas y beben de la fuente de la cotidianidad cubana aunque parezcan exageradas, esas maneras de comportarse de los personajes existieron, existen y existirán en la vida real hasta que el conflicto termine, probablemente ni el autor ni quien emite este criterio podamos asistir a ese momento de verdadera felicidad, pero quien opina sí lo vislumbra con la lógica que caracteriza a los seres humanos. 

En sentido general es interesante leer EPITAFIO PARA UN SUEÑO porque nos reconcilia con esa heridas que parecen no cicatrizar, angustias que evidenciadas o no, siempre generarán más angustia y aunque probablemente algún día quien opina transite por avatares tan terribles como los que sin duda han vivido esos personajes, en la novela y en la vida real, o quizá alguna vez ya los vivió, pero con total seguridad tratará de no caer en el pozo de la “revictimización”, porque la resultante siempre terminará en un epitafio para matar los sueños, incluso cuando este se empeñe en promocionar lo contrario, y la muerte siempre es horrible, aunque se maquille, porque el antifaz que se le ponga estará barnizado con hiel y aun cuando sea una muerte deseada generará un insomnio que no consigue ser mitigado, porque no se produjo como se esperaba.

martes, 15 de agosto de 2017

Nicolas Alvarez opina sobre Epitafio...



Del ingenio y el talento de este novel escritor Cienfueguero radicado en México ha salido a la luz su segunda novela.

"Epitafiopara un sueño" una maravillosa mezcla de ficción y realidad, donde la pasion, el odio, los deseos, las contradicciones y el amor conforman la vida de su protagonista...Pepe el Salao, un cubano que cree firmemente en que su "mala suerte" es parte de su vida misma, tan atada a él como su nombre.

Sus luchas por vivir en una sociedad en que los sueños, las oportunidades y el futuro se fueron de viaje hace varias décadas.

La historia de un hombre que trata de sobrevivir en un país, donde las ilusiones murieron y todo está en dependencia de la voluntad y las decisiones de un régimen que implantó a la fuerza sus criterios y deseos obligando a su pueblo a vivir sin libertades ni esperanzas.

Todo comienza con la muerte en noviembre del hombre que más que salvador, se convirtió en el verdugo de su gente, aquel que irónicamente prometió un "paraiso" burlándose de todos, para posteriormente ser el dueño absoluto de Cuba.

Ahí regresan los recuerdos, las vivencias, su pasado lleno de viscitudes y carencias, sus tragedias y las memorias de una etapa difícil, llena de angustias y sacrificios en la época de 1994, un periodo más que "especial" y que obligó a miles a escapar buscando otros horizontes.

"Epitafio para un sueño" la historia de Pepe el Salao, que bien puede ser la tuya, la mía o la de millones de cubanos que un día dejamos todo atrás escapando del infierno y buscando la libertad.

No pierdas la oportunidad de leerla, búscala y cómprala, y con tu cooperación ayuda a promover la obra de este talentoso escritor coterráneo nuestro...Carlos Alberto Dueñas, a quien felicitamos y le deseamos muchos éxitos.

Nicolas Alvarez

9 de Agosto del 2017

lunes, 14 de agosto de 2017

María Opina... Estoy felizmente emocionada

María, es una cubana de 87 años que actualmente radica en los Estados Unidos. A ella, su hijo le compró la novela de Epitafio para un Sueño y nunca imagino que se encontraría a un tal Jacinto como personaje.

María Aleman-Ramos


Al llegar a ese punto de la historia María exclamó: «Empecé a leerlo y fue tal mi sorpresa cuando de repente estaba leyendo parte de la historia de mi hijo y su amigo Rey Ibarguengoitia cuando fueron víctimas de un acto de repudio en la planta de Fertilizantes de Cienfuegos». 

María, la mamá de Jacobo Ramos con lágrimas en los ojos le dijo a su hijo. «Estoy felizmente emocionada, porque a pesar de haber pasado un mal momento, hoy tú, mi hijo, hace muchos años que gozas de la libertad que todo ser humano merece».

Es duro para una madre ver como su hijo fue asediado por la policía política del régimen y darse cuenta que no tiene cabida en el lugar que lo vio nacer ni vivir con las personas a quienes amaba. «La salida fue la única alternativa para sentirme tranquila que no le pasaría nada ni caería preso. Cuando supe que ya había llegado a los Estados Unidos, fue que pude estar quieta». 

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